
León XIV aseguró este domingo que Jesús nos enseña que la «verdadera justicia es el amor» y alertó a los matrimonios de poner en práctica solo una relación basada en la fidelidad formal que no incurre en «adulterio», pero en la que falta «la ternura recíproca» o «el respeto».
«No basta con ser fiel al cónyuge formalmente y no cometer adulterio, si en esa relación falta la ternura recíproca, la escucha, el respeto, el cuidado mutuo y el caminar juntos en un proyecto común”, aseguró el Papa.
Durante el Ángelus de este domingo, el Pontífice se centró en el sentido profundo de la Ley que promueve Jesús en los Evangelios, subrayando que su cumplimiento no consiste en una observancia exterior, sino en una relación auténtica de amor con Dios y con los demás.
Al comentar un pasaje del Sermón de la montaña, recordó que Jesús no viene a suprimir la Ley de Moisés, sino que «nos invita a entrar en la novedad del Reino de Dios y, para guiarnos en este camino, revela el verdadero significado de los preceptos».
De este modo, en cada precepto de la Ley, «debemos percibir una exigencia de amor», explicó.
Según el Papa, el cumplimiento de la ley de Dios se realiza a través del «amor» que pone en práctica su «significado profundo y su fin último». Además, insistió en la necesidad de una «justicia superior» a la ley de los escribas y fariseos que «no se limita a observar los mandamientos, sino que nos abre al amor y nos compromete en el amor».
León XIV destacó que Jesús utiliza una forma lingüística —las antinomias— para hacer ver la diferencia entra una justicia religiosa formal y la justicia del Reino de Dios. Al contraponer el «ustedes han oído que se dijo» con el «pero yo les digo» mostró esta diferencia, aseveró.
La Ley fue dada, aseguró, como «un camino para empezar a conocer a Dios y su proyecto sobre nosotros», pero ahora es el mismo Cristo quien la lleva a cumplimiento y nos introduce en una relación filial con el Padre.
Para León XIV, este planteamiento es crucial porque «nos dice que la Ley ha sido dada a Moisés y a los profetas como un camino para empezar a conocer a Dios y su proyecto sobre nosotros y sobre la historia».
En su reflexión, el Pontífice aplicó esta enseñanza a la vida cotidiana, advirtiendo que la justicia evangélica no se reduce a evitar el mal de forma externa. «No es suficiente con no matar físicamente a una persona, si después la mato con las palabras o no respeto su dignidad”, afirmó.
El Papa resumió el mensaje del Evangelio con una expresión clara: “No se necesita una justicia mínima, se necesita un amor grande».
Finalmente, invitó a los fieles a encomendarse a la Virgen María, «que ha dado al mundo a Cristo, Aquel que lleva a cumplimiento la Ley y el plan de salvación», pidiendo su intercesión «para ayudarnos a entrar en la lógica del Reino de Dios y a vivir en su justicia».