Un reciente estudio de la Universidad de Cambridge pone fin al eterno debate sobre qué es más efectivo para reducir la cintura. Los investigadores determinaron que, aunque el ejercicio es vital para la salud, la alimentación equilibrada sigue siendo el factor determinante para eliminar la grasa visceral, la más peligrosa para el organismo.
Reducir la zona media del cuerpo no es solo una cuestión de vanidad; es, ante todo, una prioridad de salud. La llamada grasa abdominal o visceral es la que rodea nuestros órganos internos y se asocia con enfermedades cardiovasculares y diabetes. Por eso, el reciente hallazgo de la Universidad de Cambridge ha causado tanto revuelo: nos dice exactamente dónde debemos poner nuestra energía.
Muchos pasan horas haciendo interminables series de abdominales con la esperanza de ver cambios, pero la ciencia sugiere que el camino más corto empieza en el plato, no en la colchoneta.

El veredicto científico: La dieta lleva la delantera
El estudio comparó a grupos de personas que se enfocaron solo en el ejercicio frente a otros que realizaron cambios estrictos en su nutrición. El resultado fue revelador: la dieta es responsable de aproximadamente el 70% al 80% de la pérdida de grasa abdominal.
La razón es biológica. Es mucho más sencillo evitar consumir 500 calorías (el equivalente a un par de galletas o un refresco) que intentar quemarlas en una cinta de correr, lo cual requeriría casi una hora de esfuerzo intenso. Los investigadores de Cambridge enfatizan que el déficit calórico —consumir menos de lo que el cuerpo gasta— es la única «fórmula mágica» que realmente funciona para oxidar la grasa acumulada en el vientre.
El papel del ejercicio: No lo abandone todavía
A pesar de la importancia de la alimentación, el estudio no resta mérito a la actividad física. Si bien la dieta ayuda a «bajar» el volumen, el ejercicio es el encargado de:
- Mantener el metabolismo activo: Evita que el cuerpo se estanque.
- Preservar la masa muscular: Para que la pérdida de peso sea saludable y no nos deje débiles.
- Reducir el estrés: El cortisol, la hormona del estrés, es una de las principales responsables de que la grasa se acumule precisamente en el abdomen.
Lo ideal, según los expertos británicos, es una combinación de entrenamiento de fuerza (pesas o resistencia) con una dieta alta en fibra y proteínas, que genera saciedad y protege los músculos.
¿Qué cambios podemos aplicar hoy mismo?
La investigación no propone dietas extremas ni ayunos imposibles. La recomendación de Cambridge se centra en la calidad de lo que ingerimos. Priorizar alimentos naturales sobre los ultraprocesados y reducir el consumo de azúcares refinados son los primeros pasos para ver resultados reales en pocas semanas.
En conclusión, si su objetivo es lucir un abdomen más plano y, sobre todo, ganar años de vida, el mayor esfuerzo debe ocurrir en el supermercado y en la cocina. El ejercicio será su mejor aliado para tonificar y fortalecer, pero la batalla contra la báscula se gana bocado a bocado.