“Mamá, este paquete ya no tiene sellos”

Hace un par de años, cuando los primeros sellos octogonales negros aparecieron en los estantes, sentí que por fin tenía un aliado. Para una mamá, el paso por el pasillo de los paquetes se volvió más sencillo: si veía un sello de Exceso en grasas saturadas, Exceso en sodio o Contiene edulcorantes, sabía que ese producto no entraba en la lonchera. Sentimos que una ley nos cuidaba.

Sin embargo, hoy hay una profunda confusión. En el mercado encontramos los mismos productos de siempre con empaques que ya no advierten nada. «Comprémoslo, ¡ya no tiene sellos!», dicen los niños. Vemos los colores artificiales, el enorme listado de ingredientes ilegibles y las largas fechas de vencimiento que nos hacen dudar. Y nos preguntamos: ¿Cómo es posible que de la noche a la mañana tantos paquetes se volvieran saludables?

Lo que nos está pasando en Colombia no es falta de atención: es el resultado de una estrategia calculada por la industria de productos ultraprocesados. Obligadas por la Ley de Comida Chatarra a poner los sellos de advertencia, las grandes marcas no han hecho los productos más saludables: simplemente han aumentado el nivel de ultraprocesamiento, añadiendo más aditivos químicos, saborizantes y colorantes artificiales para «enmascarar» el sabor. El resultado es un producto que sigue siendo dañino, o más aún, y que ahora nos engaña.

Esta confusión colectiva prueba que Colombia necesita actualizar su etiquetado según las recomendaciones de la Organización Panamericana de la Salud (OPS)Incluir un sello de advertencia “ULTRAPROCESADO» sería la forma para cortar de raíz la trampa.

Y es que, a finales de 2025, The Lancet publicó una serie de artículos que evidencian de manera contundente el daño que representa para la salud una alimentación basada en productos ultraprocesados. Es particularmente grave para niñas, niños y adolescentes que, al estar en desarrollo, necesitan los nutrientes presentes en alimentos naturales, sin procesar, mínimamente procesados o procesados. El ultraprocesamiento destruye la matriz alimentaria y reduce la capacidad de nutrir, mientras añade nocivos colorantes, saborizantes artificiales y aditivos químicos con el fin de hacerlos adictivos.

Este momento se parece a aquel en que el mundo descubrió lo que ya sabían las tabacaleras: el daño en salud que causan los cigarrillos. Se diseña para que quienes fumen —aún peor si son menores de 18 años— sean siempre sus clientes (sus esclavos) y el precio que pagan, además del de las cajetillas, es la pérdida de años de salud y años de vida.

La evidencia muestra otras tristes realidades: quienes más consumen productos ultraprocesados son personas de bajos recursos, y quienes pagan el costo de esas enfermedades, como en el caso del tabaco, son las familias y el presupuesto nacional. De seguir así, el país deberá atender durante los próximos años a una población con enfermedades no transmisibles desarrolladas en edades tempranas se van a diagnosticar hipertensión, diabetes tipo 2, problemas coronarios y cáncer, entre otras.

En este momento está en manos del Ministerio de Salud asegurar que se implemente en el país la herramienta necesaria para proteger a los que más amamos, con una nueva advertencia de ULTRAPROCESADO.

Ojalá muy pronto nuestros hijos digan “Mamá, este no lo compres: mira, es ULTRAPROCESADO”, y que los colombianos no comamos más mentiras.

Carolina Piñeros Ospina

Directora ejecutiva de Red PaPaz

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